Publicado el: dom, 25 Nov, 2018
Opinión

Muchos no llegan

¡Solo un esfuerzo más! – gritó desgarrada su voz interior. Los músculos flacos de los brazos comenzaban a fallarle y las piernas no le respondían con la rapidez que deseaba.

Adelante, adelante, sin mirar atrás ni para coger carrerilla– le había dicho a su hermana mayor Muha cuando le tocó hacer lo que ella estaba haciendo ahora.

Muha lo logró y fue muy dichosa, ¿por qué no habría de conseguirlo yo también?, soy tan fuerte como ella…

A su alrededor el paisaje no podía ser más caótico. Docenas de hombres y mujeres se debatían luchando contra los elementos; la fina lluvia, las violentas rachas de viento, las minúsculas alimañas aladas que mordían cualquier atisbo de piel visible, los arbustos punzantes que raspaban las manos…

El silencio mortecino del ambiente era solo roto por los constantes lamentos e invocaciones de la multitud que se arrastraba por la tierra mojada o chapoteaba torpemente en el barro gris marengo. A Rachida le pareció que aquella multitud de almas se asemejaba demasiado a una horda de moscas atrapadas en miel derramada.

Contuvo momentáneamente el aliento al observar a sus compañeros de marcha. Hacía muchos años que había dejado de confiar en nadie que no fuese su familia y, cuando inició esta huida hacia delante, pensó que tendría que luchar con uñas y dientes contra sus propios camaradas.

El ser humano es egoísta y tiende a transmutar en bestia cruel con sus iguales en situaciones extremas…

Al menos eso creía hasta este momento en que, con sus propios ojos, observó como se auxiliaban unos a otros, tironeando del brazo de los débiles más rezagados para sacarlos de las arenas movedizas de fango o se lanzaban mutuamente gritos de ánimo para infundirse ánimo ante lo que aún tenían por delante.

Existe un atisbo de humanidad en ellos, un pequeño hueco en sus almas que les impele a ayudar al prójimo en circunstancias difíciles. Todavía hay esperanza para todos nosotros y para el mundo, que no tiene por qué quedarse ciego con el ojo por ojo…

Foto. OIM. ONU MIGRACIÓN.

Agotada, miró hacia el horizonte brumoso. El sol se ocultaba tímido detrás de cenicientas nubes de lluvia sobre el mar, que era una vasta extensión de oscuro acero bruñido. Amenazaba fuerte marejada y viento de levante que convertirían la pequeña bahía en una trampa mortal. Respecto a aquello, Muha había sido taxativa y le había escrito con gravedad:

Cuando te veas en apuros y sientas que tus fuerzas merman, vuélvete y mira al mar. Aunque no estén ahí vuestros captores, imagina que sí están. Imagina que se acercan ya con sus rápidas lanchas motoras, con sus fusiles en ristre dispuestos a daros caza. Entonces el miedo te impulsará a seguir, las piernas resucitarán te sacarán del aprieto y llegarás. Cruzarás la frontera que nos separa y la sensación de libertad y victoria te embargarán…

Así fue como yo lo conseguí, Rachida. Confío en ti, mi hermana, porque eres sangre de mi sangre. Nuestros ancestros y nuestro Dios te apoyarán en esta ardua tarea haciendo que te superes a ti misma.

Con fuerzas renovadas, se concentró en salir del negro barrizal. Su cuerpo enlodado lucía negro y brillante cuando se levantó tambaleante para recorrer los últimos metros. Tropezando, atravesó una charca de aguas pardas donde se lavó los ojos un instante para ver el trecho final de su Vía Crucis. En alto, la baja loma que era su destino, su particular Gólgota, marcaba el fin de la marcha.

Nerviosa y exhausta se aferró a manos llenas a las sapinas que delimitaban el promontorio y avanzó entusiasmada asiéndose de arbusto en arbusto. A cada paso, mazacotes de barro se desprendían de su coleta formando la senda de migas de pan de Hansel y Gretel. Otros compañeros avanzaban parejos a ella aullando de gozo.

Fue infinitamente feliz cuando atravesó la meta y se agarró a un nutrido grupo de sus contrincantes que ya celebraban haber superado el desafío.
– ¡He podido y he sido de las primeras en llegar!!– exclamó.

Rachida alzaba los puños emocionada, consciente de que era más que capaz de superar cualquier reto que se marcase. Recordó cuando, durante un almuerzo, sus compañeros de cuartel le habían propuesto participar con ellos en la tercera edición de la Carrera Fan Pin Miguel de Cervantes organizada por el Tercio de Armada de San Fernando.
Se desplazaron especialmente desde su destino en Ceuta para enfrentarse a un duro circuito de ocho kilómetros que combinaba durante su recorrido agua, tierra, fango y obstáculos diversos. Como era tradición, los fondos recaudados se entregaban a una asociación benéfica isleña diferente en cada ocasión. Este año la agraciada era Muchos no llegan, una ONG que asistía a las familias de los inmigrantes fallecidos al cruzar en patera las peligrosas aguas del estrecho de Gibraltar.

Rachida se sintió enormemente satisfecha de haber contribuido con su esfuerzo a tan noble causa. Recuperado el aliento, echó un vistazo a la grada portátil de invitados al evento y su mirada se cruzó con la de Muha quien le sonreía desde el centro, henchida de orgullo.

Se acordó otra vez del mensaje de WhatsApp que su hermana le había enviado horas antes de la competición. Muha era veterana de una de las ediciones anteriores y le había dado un valioso consejo: imaginarse perseguida y en peligro en caso de sentirse agotada, algo desgraciadamente familiar en sus vidas que debían rememorar de vez en cuando para no olvidar nunca “a los que no llegaron”.

Las hermanas se miraron en la distancia ignorando el jolgorio, como si sus caras estuviesen a escasos centímetros. Con un dedo, a la vez ambas dibujaron en el aire un corazón con una figurita humana en el centro, el tristemente famoso símbolo que las había acompañado desde la infancia cuando se vieron obligadas a huir de su país natal por la guerra civil: El corazón del refugiado.

Atrapando el corazón imaginario en su mano, Rachida, con la mirada húmeda, lo sopló en dirección al graderío…

A las hermanas Alicia y Gema y a su inseparable Teo, por esas tardes deliciosas en las que me inspiráis tantas historias.

Sobre el autor

Alberto Rodríguez

- Un punto de encuentro para proyectos, ideas e inquietudes relacionadas con el turismo isleño, fomentando la creatividad y persiguiendo el ansiado sueño colectivo de transformar a San Fernando en el destino genuínamente turístico que merece ser.

Deja tu opinión

XHTML: Puedes usar las siguientes etiquetas HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>