Publicado el: mié, 20 Jun, 2018
Opinión

Las cuádrigas de levante

Marcos se ajustó el casco con pericia. Estaba preparado para salir como un rayo en cuanto se iniciase la carrera. Echó un vistazo a ambos lados para calibrar a sus contrincantes. Seis competidores con él incluido: la Cañaílla Triunfante, el Fenicio Alado, la Armada Invencible, el Camarón Veloz, la Pirámide de Sal y el suyo, el Flamenco Audaz.

Los seis estaban dispuestos en batería delante del fuerte de Cortadura. Se adivinaba una competición muy disputada dado el nivel experto de los finalistas. La multitud se arremolinaba en la zona de los chiringuitos formando una línea irregular que se perdía en la distancia en dirección a San Fernando.

Desde la inauguración de Playa-Paraíso como lugar oficial para la Competición Nacional Española de Carrovelismo, el Trofeo Castillo de Sancti Petri se había convertido en uno de los más reconocidos del país en la modalidad de deportes playeros.

Playa-Paraíso era como se denominaba desde hacía un lustro al infinito brazo de arena de varios kilómetros que partía desde la Cortadura en Cádiz y que, atravesando las playas del Chato, Santibáñez, Torregorda y Camposoto, alcanzaba las rubicundas dunas de la Punta del Boquerón frente a las costas chiclaneras. Desde que Defensa había eliminado el espigón de Torregorda liberando completamente Camposoto, el campeonato había convertido aquella larga flecha de arena en todo un referente del deporte nacional. Las tres jornadas de carreras se retransmitían íntegramente en la cadena pública Teledeporte y en el Canal 24 horas. Una gran cantidad de ciudadanos seguían las retransmisiones en directo, incluidas personalidades relevantes de la política y del estado. Los periodistas destacaban la curiosa regla que conminaba a los participantes a inscribir sus carrovelas con nombres alusivos a las ciudades de San Fernando y Cádiz, las anfitrionas, así como asumir logotipos relacionados con el nombre escogido. A los medios les encantaba también sacar en pantalla a Salaito, el burro salinero mascota, que era el encargado de dar el pistoletazo de salida y de entregar el trofeo en la meta de la Punta del Boquerón adonde llegaba en lancha.

El campeonato siempre tenía lugar un fin de semana de junio sin especificar fecha concreta puesto que dependía de las previsiones de vientos intensos que impulsasen las pequeñas lanchas con ruedas. A pesar de que la temporada de playa no se abría hasta mediados de mes, los chiringuitos abrían a finales de mayo para aprovechar el tirón que el evento suponía.

El disparo que marcaba el inició de la carrera resonó con estrépito y Marcos se lanzó como un caballo desbocado aprovechando una fuerte racha de levante. En un santiamén, adelantó a la Pirámide de Sal y se puso a la altura de la Armada Invencible, el campeón del año anterior, que llevaba en el velamen un escudo inspirado en la Marina. La vela rosada del Flamenco Audaz se hinchaba orgullosa y parecía un galeón español de la era de los conquistadores.

A la altura de Santibáñez, el Fenicio Alado y la Pirámide de Sal, enzarzados, encallaron en la plataforma de rocas quedando automáticamente eliminados. Un poco más adelante, en Torregorda, Marcos vio como una piedra traicionera demasiado afilada destrozaba una de las tres ruedas de la Armada Invencible precipitando a la arena a su tripulante. Por el retrovisor divisó a su oponente rebozado de arena, golpeando el suelo con los puños fuera de sí.

Marcos recordó el antiguo espigón artificial que limitaba el acceso a la zona agreste donde comenzaba Camposoto, la playa isleña, cuando pasó por delante de la nueva cantina de Torregorda. El público agitaba las manos enfervorizado desde los ventanales y él les hizo la señal de victoria guiñando un ojo.

La zona que recorría ahora había sido de las últimas en ser liberadas de servidumbre militar por lo que era prácticamente virgen y la menos conocida por los concursantes. Era bastante rocosa y estaba salpicada de pequeñas construcciones militares en desuso. Delante suya aún quedaban dos oponentes a batir, el Camarón Veloz y la Cañaílla Triunfante. La segunda iba un poco más rezagada y no le costó darle alcance. Dani Ramos, desde su máquina de vela dorada con una enorme cañaílla en el centro, le miró desafiante. No vas a poder conmigo parecían decir sus ojos. Iniciaron entonces una lucha encarnizada en la que se iban adelantando el uno al otro con violentos giros de vela.

Cuando divisó la curva cerrada de la Albufera, cerca de la entrada a la primera pista de Camposoto, supo que era su oportunidad. Dani era sevillano y sería fácil aprovecharse de su falta de conocimiento de la playa isleña. Frenó levemente y comenzó a presionarle hacia la derecha. Dani, ajeno a que Marcos se había criado en aquel lugar, confió en que si aceleraba se zafaría de él, pero al llegar a la curva de casi 90 grados a la izquierda, con el Flamenco bloqueándole ese flanco, se metió de cabeza en el mar mientras Marcos ejecutaba un giro de vértigo retomando el perfil de la orilla.

Enfiló entonces hacia el último competidor: el Camarón Veloz. Este se había distanciado bastante y recorría raudo el último kilómetro. Marcos puso la vela al límite y se recostó para reducir el rozamiento del aire. La gente gritaba como loca animando a ambos participantes agitando banderas españolas y andaluzas. Carolina Ortega y su Camarón Veloz eran un hueso duro de roer ya que se trataba de una avezada corredora y tenía la vela negra más temida y rápida del torneo. Ambos artefactos volaban ahora parejos como en la carrera de cuadrigas de Ben-Hur y se preveía que el final iba a estar muy reñido.

Divisó la meta a lo lejos, marcada entre los monolitos conmemorativos de los antiguos bunkers de la guerra civil, y se le ocurrió un plan apresurado: molestar e incomodar a Carolina, cuya fama de cascarrabias y su poca correa le precedían. Marcos ejecutó un sorpasso vertiginoso y comenzó a presionarla. En cada maniobra le lanzaba gestos obscenos tratando de captar su atención.

Carolina no tardó reaccionar como esperaba, con insultos y aspavientos. Fue tarde cuando, mientras le hacía un corte de mangas a Marcos, se encontró de sopetón con la zona acotada para los perros en verano.  Atravesó y se llevó el cerco por delante acabando en el centro del recinto con la vela negra envuelta por alambres retorcidos y la melena rubia en la cara.

El Flamenco Audaz hizo un molinete para entrar en la meta entre los dos monolitos. Los aplausos estruendosos y las ovaciones no dejaban oír cómo le declaraban campeón de la edición. Salaito y un grupo de chicos de la organización le alzaron y llevaron en volandas por un sinuoso camino de tablones mientras la gente le felicitaba y vitoreaba.

Batería Urrutia restaurada.

Las alcaldesas de San Fernando y de Cádiz esperaban sonrientes sobre la muralla restaurada de la Batería de Urrutia con el trofeo entre las manos. El ministro de deportes, Máximo Campo, asentía complacido tras ellas. Después de su rehabilitación, la antigua fortificación se había convertido en el lugar perfecto para la entrega de premios y el ulterior concierto de celebración.

Marcos, pletórico, cogió el ansiado trofeo en forma de castillo de Sancti Petri y lo levantó mientras la multitud aplaudía entregada. A lo lejos, tras la pequeña reproducción dorada alzada en el aire, destacaba el auténtico castillo sobre el mar, orgulloso e inmutable.

—-<>—-

Las niñas de 15 y 16 años saltaban y palmoteaban alegres delante del enorme televisor. Bailaban imitando ademanes andaluces con la canción “Sueño en el paraíso” de Maita vende Cá que sonaba en la fiesta de clausura del 5º Trofeo de Carrovelismo Castillo de Sancti Petri. Tenían, desde luego, motivos para festejar ya que su favorito, Marcos Reyes, había ganado la competición que seguían cada año. Marcos era tan guapo…

Unos pasos lentos pero seguros se acercaron a la puerta que se entreabrió levemente. Un hombre extremadamente alto y vestido con un traje oscuro exquisitamente planchado asomó la cabeza.

-Pero bueno chicas, ¿qué es todo este alboroto? Vamos, dejad ya la televisión que tenemos una recepción muy importante. Alisaros un poco el vestido y coged vuestras cosas. Os espero abajo en cinco minutos, no tardéis.

Sofía y Leonor se miraron cómplices cuando su padre cerró la puerta. Juntaron los puños y se rieron divertidas al ver ambas calcomanías. El Flamenco Audaz les observaba con su pico curvo, aleteando triunfante desde el dorso de sus manos…

Sobre el autor

Alberto Rodríguez

- Un punto de encuentro para proyectos, ideas e inquietudes relacionadas con el turismo isleño, fomentando la creatividad y persiguiendo el ansiado sueño colectivo de transformar a San Fernando en el destino genuínamente turístico que merece ser.

Deja tu opinión

XHTML: Puedes usar las siguientes etiquetas HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>