Publicado el: Dom, 21 Ene, 2018
Opinión

2018: Multiplica y sigue…

Con la sensación de casi sentir aún el vértigo -finalmente injustificado, gracias a Dios- del llamado “efecto 2000”, y también de la llegada del euro dos años después; resulta que ya casi estamos plantados en el tercer decenio del siglo XXI … ¡Eso sí que es vertiginoso! Al menos,así lo sentimos y comentamos los de mi generación.

Todas las generaciones tienen lo suyo, sin duda. Ante todo, mérito una tras otra, primordialmente. Y éste no es siempre reconocido por la historia y, sobre todo, por los que han venido inmediatamente detrás.

Dicen que de buen nacido es ser agradecido. Por ello, vaya por delante mi más profunda y sincera gratitud para mis padres y abuelos (q.e.p.d.) y todos sus contemporáneos. Supieron capear con no pocas dificultades y suponen el mejor ejemplo para mis coetáneos y nuestros descendientes.

También estamos teniendo lo nuestro los nacidos allá por los 60 … Y no voy a referirme a crisis económicas. Porque bien es sabido que la macroeconomía es cíclica; y sus contingencias positivas y negativas -en mayor o menor medida- se han experimentado y se experimentarán siempre.Salvo que el bitcoin nos salve de ello. Que lo dudo. Porque en el caso improbable de que fuera la solución; ya vendrán los políticos a estropearla.

Empecé hablando de vértigo. Y no ha sido en vano. Porque desde hace un tiempo llegué a la conclusión deque lo que está marcando a mi generación es la velocidad de los profundos cambios que estamos viendo. Y tengoademás la sensación -creo que no equivocada- de que esa aceleración no cesa. Más bien al contrario.

Y es que el ritmo a lo largo de todo el pasado siglo XX fue bien distinto para todo Occidente. Todo había ido evolucionando, indudablemente. En España, también. Aunque hubiéramos aún idomás despacio que otros. Pero las cosas empezaron a precipitarse en los 70´s y aún más en los 80´s. Como nunca antes. Y -como puede adivinarse- no sólo me refiero a lo político; sino también a lo social y a lo tecnológico. Muy especialmente a esto último. Sólo hay que echar la vista atrás.

Porqueen realidad, los últimos “babyboomers” y los primeros de la “Generación X”, hemos pasado -relativamente en pocos años- de haber nacido en las propias casas donde generalmente no había ni teléfono (fijo, obviamente), a casi retransmitir en directo el nacimiento de nuestros hijos o nietos con un terminal móvil de última generación en la mano, mientras interactuamos con nuestros familiares y amigos, aunque estén en otro continente.

Hemos cambiado aquellas novedosas primeras calculadoras con 8 dígitos luminosos que nos traían de Ceuta o Canarias, por tener un portátil o tablet que tienen infinitamente más potencia y posibilidades técnicas que aquel gigantesco y asombroso ordenador IBM(con tarjetas perforadas como memoria)que me cautivó en un día de mi adolescencia, y que ocupaba toda una gran habitación del Centro de Cálculo de laBazán, que comandaba mi tío.

Jugamos en calles -algunas sin adoquines ni asfalto- donde apenas pasaban coches; porque poca gente los tenía. Hoy es normal tener varios vehículos por familia y se cuentan pormiles los aparcamientos en cualquier ciudad. Y siguen siendo insuficientes. Los que faltan ahora son niños. Ylos que hay, suelen estar con PlayStation

Hicimos cola con nuestros padres y abuelos en las cajas de los bancos; pero también vimos cómo llegaba el primer cajero automático a la oficina principal de la Caja de Ahorros de Cádiz que estaba en la calle Rosario. Hoy en día, llevamos una oficina virtual bancaria en nuestro bolsillo. E incluso ya pagamos con el móvil en casi todas partes con sólo poner un dedo en el dispositivo o mirarlo para que nos haga un reconocimiento biométrico.

Y la lista de transformaciones materiales y tecnológicas podría ser inmensamente más larga …

También nos tocaron algunas cosas malas. Porque fuimos los primeros españoles que vivimos la lacra de la droga y tuvimos que aprender a librarnos de ellas. Sobre todo, de las llamadas “duras”. Pero, en sus inicios, era una circunstancia mucho más identificable -en sitios y personas concretas- que en la actualidad.El ejemplo más claro lo teníamos en las dos esquinas bien diferenciadas de la antigua Gran Vía, o en la trasera del cercano fotomatón de la Plaza del Rey. Ahora, hay muchas más modalidades de estupefacientes y el individuo más insospechado -y casi en cualquier lugar por buena pinta que tenga- puede consumirla, facilitarla e incluso conseguir -con peligrosísimos propósitos- que nuestros hijos las ingieran sin darse cuenta.

Pero no es esa la única gran y novedosa preocupación que tenemos que tener con nuestros hijos. Y no que voy a referir a la crisis de valores (que también es una desgracia a considerar, por supuesto). Sino a su futuro laboral.  Porque es que, fruto de ese ímpetu transformador de casi todo que tiene nuestra sociedad, también estamos padeciendo ya la desaparición de algunas profesiones. Y me temo que eso sólo ha empezado … La misma tecnología que está destruyendo unas; está creando y creará otras. Algunas no podemos aún ni imaginarlas. Por ello estamos obligados a hacer un esfuerzo (rozando el prodigio adivinatorio) para intentar orientar a nuestros vástagos en el camino académico y formativo correcto. Y no es nada fácil …

En fin. Que nos tocó todo esto y lo que quede por venir. Que no serán pocos los nuevos cambios. Y todo a un compás cada vez más precipitado. Con sus cosas buenas y también menos buenas. Pero en una progresión prácticamente geométrica. Por eso, ya siento que cada nuevo año no es un suma y sigue. Sino un multiplica y sigue …

Yo creo que, al menos en la Isla, lo único que va a asimilarse -en parte- a los tiempos de nuestros padres y abuelos será el dichoso tranvía. Si es que llegamos a verlo circular algún día. O, en su caso, si llega a durar … Pero de eso trataremosen otro momento.

Mientras tanto, que la Santísima Virgen del Carmen -nuestra Patrona y Estrella de los Mares- nos colme de salud y bendiciones. Feliz 2018.

 

Sobre el autor

José Ramón Cué Cereceda

- Enamorado de La Isla, de sus costumbres y sus cosas. De nuestra provincia. De Andalucía y de España entera. Buscador de la verdad. Cansado de la 'partidocracia' y, por ende, políticamente incorrecto.

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