Publicado el: jue, 2 Nov, 2017
Opinión

La nueva Filoxera

Ejemplar de naranjo.

Por una extraña razón, la naturaleza arrebata a sus hijos todo aquello que un día les regaló, en el caso de todos nosotros, nuestra propia vida. No ha habido especie, ya sea vegetal o animal, en el planeta, cuya supervivencia no se haya visto amenazada en extremo, cuando no, directamente aniquilada por algún mecanismo de control del mundo que nos rodea. Y el más común de todos ellos es el más difícil de advertir, me refiero a la enfermedad, pandemia o epidemia, provocada por algún virus, retrovirus, insecto o bacteria, que tenga un porcentaje de mortalidad bastante alto. Los propios humanos hemos vivido ocasiones en las que nuestra existencia se ha visto amenazada, baste recordar la crisis del siglo XIV, con la irrupción de peste bubónica, que aniquiló a más de un tercio de la población europea, llevándose por delante a más de 25 millones de personas entre nuestro continente, Asia y África, con una mortandad de entre el 60% al 90%, según la zona. Todavía hoy, no estamos exentos de tales desgracias a pesar de los notables avances en la medicina, y aún se pueden suceder pandemias con cierto carácter cíclico como ocurre en África Central y el ébola.

Ejemplares de almendros en la sierra de María.

En el mundo animal, por ejemplo, hace algo más de una década, la población de cabrás montesas se vio afectada por una especie de sarna que llegó a tener una mortalidad bastante alta, diezmando considerablemente el censo de las mismas, aunque por suerte, hoy se encuentran recuperadas, y en expansión. En muchas ocasiones, las más de lo que se debería, es el propio ser humano el que actúa como un virus, fomentando él mismo las enfermedades, como sucedió en el caso de la mixomatosis, pues si bien la enfermedad, ya existía previamente, fueron científicos los que la favorecieron para controlar las distintas plagas de conejos, llegando a afectar a las poblaciones salvajes, que sí se encontraban en su ecosistema natural mediterráneo. Por si el problema fuera poco, cuando dicha especie se encontraba superando la crisis demográfica, llegó otra epidemia que vendría a poner, otra vez más, en jaque la viabilidad de la especie: la neumonía hemorrágica vírica, de la cual aún se notan sus efectos.  Aún más peligroso es el caso de las abejas, que afectadas por los pesticidas están cayendo en una mortandad bastante alta, así como sucedió entre las aves de caza, del plumbismo, acumulándose en la cadena trófica, pues se transmitía a los seres humanos ( o a otro predador) cuando estos servían de alimento. Aunque el asunto pueda parecer algo que afecte a una sola especie, es todo un impacto para el medio, pues en el caso del conejo, que es la base de la nutrición de una gran cantidad de depredadores en el medio mediterráneo, éstos se vieron también diezmados a causa de la escasez de alimentos. Fue el caso del águila imperial ibérica o el más famoso lince ibérico, que ha estado en riesgo extremo de extinción, y cuya población aún es muy escasa.

La sierra norte de Cádiz se encuentra cultivada de olivares.

En el mundo vegetal, el asunto es algo más complejo, porque en este caso la mayoría de las enfermedades vienen dadas por causa de algún insecto u hongo, además, en muchos casos, la virulencia llega a ser extrema, como ocurrió a finales del XIX, con la filoxera (un insecto que parasita a la vid), y que llegó a arrasar los viñedos de medio mundo, con especial incidencia en Europa, salvo los de la isla de Santorini y los de Norteamérica, que son inmunes, algo que los científicos aún debaten el porqué. De hecho, muchos de los ejemplares existentes en el mundo, salvo los chilenos, y los canarios, que no se vieron afectados por su situación geográfica, son a partir de injertos de los estadounidenses. Como ejemplo más cercano, lo tenemos en el pueblo de Setenil de las Bodegas, cuyo apellido nos denota la economía del lugar anterior al siglo decimonónico, y cuyo paisaje actualmente, lo conforman extensos olivares que fueron los sustitutos de las arruinadas cepas vinateras. Más recientemente, nuestras palmeras se vieron afectadas, como todos sabemos por el picudo rojo, un escarabajo procedente de Egipto, o aún más cercano en el tiempo, la debacle de nuestras chumberas o nopales, arrasadas por la cochinilla del carmín, con una mortalidad cercana al 99%. Ambos casos, no obstante vienen explicados más detalladamente en varios artículos de este mismo periódico.

Setenil de las Bodegas fue lugar de cultivo de vid hasta el XIX.

Sin embargo, hay una nueva preocupación en el horizonte, y que además, afectaría de lleno tanto a nuestro paisaje, como al medio, y más concretamente, a la economía. Es el llamado ébola del olivo (Xylella fastidiosa), una bacteria que llegó al sur de Italia en 2.013, y que arrasó con un millón de olivos en el país transalpino; en octubre del año pasado, se detecta en Mallorca, saltando posteriormente, y en menos de un año, a las otras islas. Luego, se descubrió en una finca de almendros en Guadalest (Alicante), pisando ya, suelo peninsular. Es una especie, que de expandirse por Andalucía causaría auténticos estragos, ya que aquí se concentra gran parte de la producción de olivares del mundo, pero es que además, no solamente afecta a dicha especie, sino que también es dañina para las típicas leñosas cultivables del clima andaluz, como son, el mencionado almendro, la vid (de nuevo), el ciruelo, el naranjo, el limonero, así como a especies salvajes, como la adelfa o el romero. Solo baste pensar en el cambio de paisaje que supondría una debacle de este tipo, ya que los árboles y arbustos mencionados, aparte de otros que pudieran verse en peligro, son los típicos que comparten nuestro día a día. Lo peor es que hay hasta 360 agentes transmisores, como son el mosquito o las cigarillas, y que en este momento, no se conoce cura posible. No obstante, los expertos ya están actuando, y tienen sus protocolos, ya que la bacteria no prospera en una materia inerte. Así pues en un amplio diámetro se erradica toda vida vegetal y se aíslan las especies enfermas, con el fin de evitar la propagación, en un método parecido a lo que sucede con el ébola.

Cultivo de olivares en la sierra Subbética cordobesa.

Y es que la naturaleza hace y deshace a su antojo, como siempre indico, muchos humanos caemos en el error de pensar que la vida que nos rodea es como un museo que conserva el medio tal como nosotros queremos que sea. Y lo cierto es que, es precisamente lo contrario, el planeta Tierra alberga a seres que siempre se encuentran en continuo movimiento, y los paisajes y climas cambian, así como se suceden migraciones, extinciones, enfermedades desplazamientos, e incluso guerras entre clanes y manadas, tal como sucede con el medio humano, las hormigas o grupos de primates. Baste pensar como era el paisaje en la época romana, en la que había osos pardos o grullas en nuestra provincia, o que la propia palmera no existía aquí, tan habitual hoy día, llegó con la invasión árabe. Pero actualmente, nosotros mismos,  somos capaces de, sino salvarnos del golpe, al menos de amortiguarlo, ya que lo queramos o no, y aunque el medio urbano nos rodee, aún seguimos estando ligados a nuestro medio, y sin él, no nos queda ni identidad, ni economía.

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