La política de la desvergüenza

Vuelvo tras varias semanas a escribir, y lo hago aún enmudecido ante la perversión del contenido de la oratoria política en la actualidad, como ejemplo de ello presenciamos el esperpento de homenaje al asesinato de Miguel Ángel Blanco o a la inmoral utilización del conflicto venezolano. Ya Cicerón decía que el objetivo primordial de cualquier discurso, fuese político o de otra índole, era lograr la persuasión del oyente, y parece que no han transcurrido los siglos hasta llegar a nuestra época, pues los esfuerzos dialécticos de nuestros representantes políticos no tienen otro objeto, sin entrar a enjuiciar moralmenteel fondo del argumento. Por tanto, me surge la ineludible duda de si esa perversión del contenido de la oratoria política, que a continuación desarrollaremos, no viene provocada sino por la pérdida de rigor democrático, cultural y capacidad crítica de los ciudadanos, probablemente producido por un automatismo ideológico emitido desde las posiciones más conservadoras, elitistas y corruptas de nuestro sistema, pero sobre los que subyace una responsabilidad al menos indirecta de haber desplazado de su interés el contenido de los pilares que sustentan nuestro Estado social y democrático de Derecho para sustituirlas por cuestiones sobre las que en su mayoría no tiene ni siquiera disposición y aptitud de actuar en un sentido favorable o contrario a los mismos.

Algunos estudiosos o ciudadanos comprometidos ven con estupor el retroceso material y moral del discurso político, sólo hay que detenerse en ver los debates organizados en diferentes programas televisivos para observar cómo se ha transitado del debate político basado en el conflicto de la lucha de clases, el modelo económico, la configuración territorial del Estado, el modelo constitucional, etc. a un debate basado en el reproche oportunista de la corrupción, la descalificación personal, el uso continuado de la injuria y la calumnia provocando con ello una distorsión evidente de los principios de inviolabilidad e inmunidad parlamentaria, el aprovechamiento dialéctico de algo tan esencial como los Derechos Humanos,  las víctimas del terrorismo, los conflictos políticos externos que aportan réditos políticos omitiendo otros cuya gravedad está al alcance de la calificación de crímenes contra la humanidad, etc.

Esta depreciación de la política ha ido generando intencionadamente a lo largo de los años una forma de conciencia que ya permanece cuasi inherente a la personalidad e ideología de la ciudadanía española, por aquello de la transmisión generacional. De ahí, y ante el efecto que produce la emisión estos mensajes, materializados en un segundo momento en apoyos electorales, que se haya relegado a un casi ya inexistente segundo plano el objetodel concepto “política”. La Real Academia Española en su acepción octava define ésta como la “actividad de quienes rigen o aspiran a regir los asuntos públicos”. Y en mi opiniónen este punto encontramos la justificación al adoctrinamiento social producido a través del discurso político con la fundamental colaboración de los medios de comunicación, cuya neutralidad política es básica para mantener el rigor informativo y el pensamiento crítico, componentes esenciales que deben subsistir en una sociedad democrática y la cual se ha visto revertida por un posicionamiento político e ideológico claro y sin fisuras, como ejemplo de ello encontramos las manifestaciones del  recientemente elegido secretario general de los socialistas en las que denunciaba las presiones del grupo PRISA ante el eventual pacto de gobierno con otro partido político. Y esto se produce porque el haber mantenido la cultura de la política basada en la gestión de lo público y en todos los elementos pertenecientes a esto hubiese tenido a la largo plazo un coste político de tal calibre que probablemente hoy nuestro panorama político-social sería muy diferente, pues un sistema basado en el saqueo sistemático de las arcas públicas, el beneficio bancario, la privatización paulatina de los servicios públicos, la transgresión del Estado de Derecho y la Ley, el ataque al Poder Judicial con reformas que paralizan la acción judicial y a la independencia de los jueces, la extinción de la coberturas sociales, etc. no hubiese soportado la reprobación activa de una sociedad basada en convicciones democráticas y el sentimiento de pertenencia de lo público, que sin duda hubieran transitado a un modelo alternativo y acabado con aquéllas fuerzas políticas cuya acción es proclive al mantenimiento de lo que venimos relatando.

En efecto, es mucho más útil y provechoso en términos electorales generar, y por ende garantizar así el mantenimiento de la posición social y económica hasta entonces ocupada, una conciencia basada en el hipotético financiamiento o complicidad de un partido político con un Estado del continente iberoamericano; el homenaje a una víctima de ETA que perteneció al sentir común de una sociedad, cuya memoria ha sido utilizada por su propia hermana en beneficio del que hoy es su partido político; el patriotismo ilustrado;el uso de los conceptos “izquierda” o “derecha” con fines despectivos o el mal llamado “golpe de Estado catalán”, ya que es más fácil acusar a otros de hacer todo lo contrario a lo oportunistamente reivindicado, a tener que explicar a la ciudadanía qué ocurre con la deuda pública, cuánto dinero se ha perdido con el rescate bancario, qué coste social y económico tiene la corrupción, qué se piensa hacer en materia de violencia de género y políticas de igualdad especialmente después de la llamada de atención de la ONU, la precariedad laboral, cómo se piensa solucionar la falta de fondos y posterior endeudamiento del Fondo Público de Pensiones o cómo se afrontará la necesaria reforma constitucional.

Y es que podría detenerme a desarrollar una por una las actuaciones de estos últimos meses que avalan esto que vengo denunciando, pero me parece extenderse demasiado en lo que no debe ser más que la opinión sucinta de un ciudadano más. Pero resulta evidente que hasta que no logremos avanzar como sociedad ygenerar así una concienciaorientada a creer verdaderamente que nos pertenece lo público, que tenemos la capacidad para decidir democráticamente qué hacer con nuestro futuro y, especialmente, que no debemos estar condenados a un futuro incierto, seguiremos despertando cada mañana con una nueva noticia de corrupción, descalificaciones personales y pérdida de garantía democrática.

Firmado por un español orgulloso de serlo, pero avergonzado de la inacción y complicidad de sus conciudadanos.

Sobre el autor

Sergio de la Herrán Ruiz-Mateos

- El peso de la razón, del argumento frente al dogma, que, por otro lado, constituye la esencia de una sociedad democrática.

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