Publicado el: Mie, 5 Jul, 2017
Opinión

I. Cuando Romualdo conquistó Cádiz

“Mucha atención, señores, que ahora vamos a contar la más grande cruzada que se pueda imaginar, no crean que exagero, pues no suelo exagerar, que todo es verdadero, ya usted  lo comprobará”

Corrían los principios de los ochenta.

En una época que la chirigota  no pasaba por su mayor esplendor, (aunque es justo decir, que varios maestros chirigoteros partían el bacalao por entonces, casos de Fletilla, un joven Juan Rivero en provinciales, o Juan Ponce, por poner algún ejemplo).

Sin embargo todo ello cambiaría en el año 1982, y ahí se fraguaría, lo que podríamos denominar como  chirigota moderna. Fruto de la colaboración del Gómez, con los hermanos Rosado, se empieza a forjar una chirigota que cambió todo. Una idea genial, con un  repertorio de muchos quilates y fuera de los patrones anteriores, escrita de una manera, que hacía que conectase desde el principio y con un popurrí que ha quedado para la historia.

“Cargado de tiestos,  los niños, Ana su mujer, y una calor como la de estos días atrás, el bueno de “Romualdo“ se jarta esperar el autobús, que iba hasta el techo de gente, y deja medio sueldo en los tickets .”

La idea, cuentan ellos, era en un principio hacer una chirigota para la calle, pero a medida que iban montando el repertorio, y animados por las buenas sensaciones de los que iban a escuchar al local, deciden inscribir casi al final a “Los cruzados Mágicos”.

“Más animado Romualdo, por el poquito aire de la playa, y el paisaje plagado de ‘pibas’  en bikinis se vino un poquito arriba, y ya na más que veía niñas, lo que no se dio cuenta es que Ana se había coscao del tema, y se llevó un cosqui de categoría”

El grupo sonaba de muy bien, y si sumaba un repertorio tan bueno, el éxito estaba garantizado. Bastó ver la reacción del público, en el ensayo general que dieron en el Columela, que tuvieron que repetir dos veces el repertorio, y resulta curioso, puesto que ellos  la verdad iban como teloneros de un coro que había organizado dicho ensayo.

“Mientras se daba un garbeo por la orilla, iba pensando en la mierda que había en la arena, y de estas, le endiña  a un gollete y se corta el pie, al intentar apoyarse  se llenó de alquitrán, la planta del pie y pá colmo había una colilla encendía. Que bajío dios mío……oju, el niño no lo ve, ya se ha perdío por la playa, valiente numerito”

Pero bueno lo contamos para la siguiente………….(continuará)

Sobre el autor

José María Palmero (Caleti)

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El circo de la vida, a mi me enseño,
que las penas se olvidan con buen humor y que
el tiempo que perdemos no es recuperable.

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