Publicado el: Mie, 28 Jun, 2017
Opinión

Piscifactorías: La solución que nunca llegó

La piscifactoría desde Camposoto.

Sólo los más veteranos de La Isla recuerdan ya, con nostalgia, las pirámides de sal que rodeaban a nuestra ciudad, y embellecían con su blanco reluciente a las salinas que formaban un activo importante de nuestra economía. Y también, como esa industria caía estrepitosamente ante las nuevas tecnologías, y ante el avance de otras salinas de mayor tamaño y de carácter más intensivo que la nuestras. Baste con mirar a las del Puerto de Santa María, donde los cristalizadores y los tajos se confunden en enormes extensiones, que forman las mínimas láminas de agua, en un difícil equilibrio en la búsqueda de la preciada sal. Pero ya, apenas un par de trabajadores se bastan para la recolección de la misma. Los que ya no somos tan veteranos, pero que ya empezamos a peinar canas, nos viene a la memoria como en los años noventa se empezaba a escuchar otros cantos de sirena, una nueva panacea, que servía para sustituir a la defenestrada economía de la sal por otra basada en los cultivos marinos. Se instaló para ello, incluso, diversas titulaciones, sobre todo de formación profesional, basada en los cultivos marinos. Y los antiguos dueños de las salinas aprovechaban las estructuras de las mismas para llevar a cabo lo que parecía que iba a ser una nueva y floreciente industria local. Se aprovecharon viejos edificios, o se construyeron naves nuevas. Y se servían del mismo juego de compuertas y mareas existentes en los viejos esteros y caños de nuestra bahía.

Doradas muriendo en San Fernando en la antigua salina de La Leocadia.

Hoy día, apenas un par de décadas después,  se puede afirmar rotundamente que todo ha quedado en un absoluto fracaso cargado de subvenciones, como ha ocurrido con otras industrias que se han instalado en las ciudades de nuestro entorno.  Pero por qué hemos llegado a este punto, es un asunto del que todos hablan y se dicen muchas cosas. Pero realmente, aunque se le echa mucha culpa al Parque Natural, lo cierto es que éste no ha influido en nada en la ruina existente, pues en otros parques cercanos, dentro de la misma provincia, el desarrollo sostenible, lejos de perjudicar a las poblaciones, las ha beneficiado y hasta protegido, de la especulación. Baste con observar el ejemplo de Los Alcornocales y el corcho, o el de Grazalema y sus famosos quesos Payoyos. Sin embargo, la situación geográfica de nuestras salinas sí que presenta un inconveniente a causa de la maraña legislativa que entrañan los distintos términos municipales, y sobre todo, la ineficiente Ley de Costas que ha perjudicado a aquellos empresarios localesque hubieran desarrollado una economía más o menos respetuosa con el medio, y que en cambio, no han evitado la excesiva urbanización de muchas zonas del litoral gaditano. Con dicha legislación, los emprendedores no han podido defenderse de los constantes robos de pescados que han costado un importante esfuerzo económico y de dedicación. Significando esto, la ruina de muchos, y el abandono de las fincas.

Una vez llegado a este punto: ¿Qué tiene que ver lo ya descrito con lo que actualmente sucede en La Leocadia, y que ha saltado, incluso a medios nacionales por el desastre ecológico que se ha desatado? Pues la respuesta es sencilla, ningún capital local o español (lógicamente) ha querido hacerse cargo de alguna piscifactoría en nuestra ciudad. Tuvo que llegar dinero procedente del extranjero para revitalizar a La Leocadia, en este caso de Rusia, que a diferencia de otros empresarios, ya contaban con otras piscifactorías a lo largo del globo, en concreto, en el sudeste asiático, y quien invierte una importante cantidad de dinero aquí, dedicado básicamente, en la cría de doradas, una especie bastante común en casi toda Europa, y que se alimenta principalmente de otros peces, crustáceos y moluscos; la cría de las mismasde un modo más intensivo y con mayor cantidad de especímenes a la venta. Ello no supone un problema siempre y cuando las instalaciones sean las adecuadas (que lo son), y cuando haya un mantenimiento constante de ellas. Aquí es donde llega el problema, ya que el empresario ruso HigorBakuli, fue encarcelado en su país, generando deudas hasta entrar en concurso de acreedores. A partir de entonces la piscifactoría fue alternando ruinas económicas con pequeños amagos de recuperación, hasta el desastre de hoy día, que con cortes en el suministro de electricidad, que imposibilita la entrada de nuevas aguas de manera artificial a los esteros donde se encuentran las doradas, dependiendo exclusivamente de los coeficientes de las mareas, que como ocurre en estos días, es especialmente bajo, lo que impide la oxigenación de los mismos. Además de que hay escasez de pienso (ya que no hay dinero para comprar más) y alimento natural para tanto pez. Baste decir, que los pocos trabajadores que quedan mantienenlas instalaciones, sin cobrar un euro, para intentar evitar el desastre. En otro punto, queda por ver cómo afecta esto a los aparcamientos de la playa en verano, ya que la bolsa de la última pista se encuentra en terrenos de la piscifactoría.

Ejemplo claro de aguas eutróficas en un estanque, con elevada cantidad de algas, y escasez de oxígeno.

Una vez hecho una breve reseña histórica, y sin ánimo de extenderme mucho más, voy a aclarar porque supone un desastre ecológico lo que parece que está a punto de suceder.Amén de la oxigenación de las aguas, un motivo de por sí, preocupante, nos encontramos con la desnutrición de las doradas a causa de la tremenda escasez de pienso y de alimento natural en el estero, ya que hay una superpoblación de una especie, lo que pone en peligro el equilibrio ecológico. Estos dos factores, la falta de oxígeno y alimento, crean una gran mortandad entre los peces, que se ven obligados a alimentarse de sus congéneres fallecidos. Una situación límite de aguas casi estancadas que lleva a crear una bolsa de agua pútrida que puede extenderse por los distintos caños.  La escasez de oxígeno origina lo que se llaman aguas anóxicas, carentes de vida, dando lugar al fenómeno de eutrofización, que crea a un problema de diversidad, ya que las especies suelen huir de dichos lugares. Un ejemplo típico es el de los muchos estanques o lugares de aguas estancadas, donde las aguas son verdes ya que habría una excesiva acumulación de algas como la lenteja de agua.  Sería éste un caso único de dicho proceso, pues normalmente, y como sucede en otros humedales, como acontece en la Albufera de Valencia, suele ocurrir a causa de la contaminación agropecuaria, en este caso concreto, por la acumulación de cadáveres de doradas, que supondría el empobrecimiento de una de las zonas de las marismas gaditanas, que son de las que mayor índice de biomasa genera en el planeta. Otra desgracia ecológica más, en poco tiempo junto al incendio de Moguer, y otro fracaso económico, en una región, la andaluza, que últimamente, se encuentra castigada en ambos frentes.

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