Publicado el: Jue, 25 May, 2017
Opinión

Jack Nicholson: Los 80 años del rebelde seductor

Hacer balance de una vida tan dilatada como privilegiadamente exitosa resulta una tarea bastante complicada, sobre todo cuando su figura es referencia ineludible para millones de espectadores y una legión de actores que le tienen como un modelo a seguir.

El bueno de Jack Nicholson acaba de llegar a unos significativos ochenta años, con un presente enturbiado por un inesperado y voluntario ostracismo que permite elucubraciones no siempre agradables. Pero, sin embargo, parece que todavía tiene fuerzas para un último proyecto, una entrañable despedida a una carrera ejemplar.

Jack, el rebelde seductor de la época más apasionante de Hollywood, el “bon vivant” lujurioso y hedonista que posee el talento por castigo no podía imaginar que su largo camino en busca del éxito tendría recompensa.

Ese joven criado por su hermana y su madre que no supo hasta los treinta y ocho toda la verdad, no vivió una infancia fácil. Abandonado por su padre, desconoció que la vergüenza y la conservadora sociedad americana de la época impedían a su madre –bailarina de striptease- hacer público su embarazo no deseado. Su madre se convirtió en hermana y su abuela en madre a los ojos del pequeño Jack y de un entorno retrógrado. Solo un artículo de investigación de la revista “Time” en 1975 le amargó su reciente celebridad, ya que su madre/hermana había fallecido doce años antes.

Resultó duro su ascenso hacia la cumbre, familiarizándose con el mundo del espectáculo como chico de los recados del departamento de animación de la MGM.  Después, su época de veinteañero la pasó inmerso en la serie “B” pero con la suerte de ser apadrinado por genios incomprendidos de la talla de Roger Corman o Monte Hellman. Cuando toda esperanza parecía perdida, su golpe de suerte le llegó de la mano de un “pirado” inolvidable… el gran Dennis Hopper. Le ofreció a un Jack de ya 31 años un pequeño papel en un film que se convirtió en referencia para una generación de americanos. Las drogas y nuevos aires de libertad marcaban “Easyrider”, un film tan interesante como exitoso y creado tras un rodaje desquiciado y lisérgico, le permitió a Nicholson conseguir una nominación al Oscar como secundario y encontrar su pequeño lugar en el mapa de Hollywood.

Disfrutando de su nuevo estatus, confirmó su talento con una nueva nominación por “Mi vida es mi vida” de su gran amigo Bob Rafelson y comenzó a tomar erráticas decisiones fruto de su rebeldía contra esa industria que empezaba a engatusarle. Rechazar papeles en “El padrino” y “El golpe” –Pacino y Redford deben estar agradeciéndoselo todavía- fue un error, pero él se guiaba por un instinto que jamás le falló. Prefirió papeles en películas menos comerciales y la jugada le salió a la perfección.

Con “El último deber” de Hal Ashby consiguió el premio al mejor actor en Cannes y su figura se agrandó súbitamente en todo el  mundo.  Su famoso olfato le llevó hasta una de las obras claves para entender su grandeza… “Chinatown”.

La obra maestra de Polanski le permitió entablar una férrea amistad con el director polaco –no olvidemos que la tan comentada “presunta” violación de éste a una menor en 1977 fue en casa de Jack-, sufrir los arranques de diva de FayeDunaway durante el rodaje y conocer a AnjelicaHuston gracias a compartir cartel con su padre.

Tras quedar prendado de la hija del célebre director, parecía real la posibilidad de que Jack pudiese sentar la cabeza y abandonar su fama de mujeriego impenitente… pero fue solo un espejismo. Más de quince años de idas y venidas, de tempestuosa relación, un amor/odio que marcó a nuestro protagonista para siempre hasta el punto de prometer en 1987 a un John Huston casi moribundo que siempre cuidaría de ella… hasta que dejó embarazada a la modelo –y simulacro de actriz- Rebeca Broussard en 1989 y ahí acabó todo.

Pero si hay una película por la que siempre será recordado el gran Jack esa es, sin duda, “Alguien voló sobre el nido del cuco”. Milos Forman supo sacar su lado más gamberro y atrevido, permitiéndole improvisar diálogos –la entrevista con el director del centro al comienzo del film, sin ir más lejos- y desplegar toda su fuerza y talento en pos de una de las interpretaciones más grandes de la historia del cine que irremediablemente marcaría su carrera.

Con ella llegó el ansiado Oscar y una época en la que, instalado en la cima de Hollywood, comenzó a labrar su leyenda. Trabajaba con quien le apetecía sin reparar en la calidad del producto, por lo que su carrera se resintió… no así su prestigio, que no paraba de crecer.

Trabajó en estos años junto a Marlon Brando, Robert de Niro y Robert Mitchum y bajo las órdenes de Arthur Penn o Elia Kazan, pero “Missouri” o “El último magnate” resultaron ser films fallidos que no le merecían.

Era tan enorme su poder en la industria que incluso se atrevió a dirigirse por primera vez en aquel olvidable western llamado “Camino del sur” junto a sus amigos Danny de Vito, Christopher Lloyd y John Belushi. Su carrera iba por mal camino, hasta que llegó Stanley Kubrick y todo volvió a su sitio.

En la primavera de 1978 el maestro recluyó a Jack y todo su equipo durante más de un año para rodar la adaptación de una novela de Stephen King llamada “El resplandor”.  El film que, con el paso de los años, se ha convertido en uno de los grandes clásicos del terror, tuvo un rodaje tortuoso que puso a prueba a todo el que intervino. Nicholson acababa exhausto cada día de rodaje, aunque soportó la presión mucho mejor que una Shelley Duvall que casi pierde el cabello y la cordura durante aquel largo año.

Trabajar con un maestro de la talla de Kubrick nos permitió observar una nueva dimensión en la capacidad interpretativa de Nicholson. Su poderosa presencia en la pantalla no le abandonaría en el resto de su carrera… aunque conservara algunos tics para siempre.

Los 80 fueron grandes para Jack, alternando premios y éxitos de taquilla. Pero dos de sus films de esa década provocaron un profundo impacto entre el público: “La fuerza del cariño” y “Batman”.

La primera nos mostró el lado más sensible, cómico y entrañable del actor… eso sí, en la pantalla. Fuera de ella se dedicaba a provocar a la MacLaine paseándose medio desnudo por el set de rodaje e improvisando sus diálogos para cabreo de la inolvidable actriz. Pero Nicholson estaba en estado de gracia y su fabulosa interpretación le reportó su segundo Oscar.

Lo del “Batman” de Tim Burton ya fue otro cantar. Firmó con la Warner uno de los acuerdos económicos más lucrativos de todos los tiempos, reservándose un jugoso porcentaje sobre recaudación en taquilla que le permitió obtener al final ¡sesenta millones de dólares! de la época. En un papel que le birló a Robin Williams en el último momento, su Joker se convirtió en una carismática y disfrazada versión del Jack Torrance de “El resplandor”, convirtiéndose en pieza imprescindible de un film que bajaba muchos enteros cuando él no aparecía en pantalla.

Llegaban los 90 y el bueno de Jack no tenía nada que demostrar. Con dos Oscar, su inmenso prestigio intacto y la cuenta corriente a rebosar, se dedicó a emprender proyectos muy puntuales junto a grandes amigos. Bob Rafelson, Danny de Vito, Sean Penn, Mike Nichols o Tim Burton se beneficiaron de la presencia de la estrella para ennoblecer productos no siempre de gran calidad. Cuando parecía que lo anodino impregnaba la carrera de un ya maduro Jack, llegó otro buen amigo –James L. Brooks- y le regaló uno de los hitos de su carrera: “Mejor…imposible”.

Su Melvin es de esos personajes que marcan época, un personaje antipático que Jack convirtió en irresistible para el gran público. El borde pero entrañable neurótico disipó las dudas de un Nicholson que temía que el personaje rechazado por la audiencia… nada más lejos de la realidad. Este clásico moderno le permitió conseguir su tercer Oscar y otro inmenso éxito de taquilla en un género y momento inesperado.

El nuevo siglo llegó y con él recuperamos al mejor Nicholson. Films como “El juramento”, “A propósito de Schmidt”, “Cuando menos te lo esperas” o “Infiltrados” nos mostraban a un inmenso actor que impartía clases magistrales entre sus compañeros de reparto.  Pero de repente, hace ya siete años, nuestro adorado Nicholson decidió que su carrera quedara en segundo plano. Sospechosamente, sus abundantes y divertidas apariciones públicas se espaciaban demasiado en el tiempo y optaba por recluirse en su mansión.

No se sabe a ciencia cierta lo que le ocurre, aunque la sombra del Alzheimer planea de manera insistente. El proyecto anunciado hace un par de meses del remake de la alemana “Toni Erdmann” nos da esperanzas de recuperarle, aunque sea por última vez.

Pero si el proyecto no se lleva a cabo, su leyenda permanecerá inamovible de igual manera. Crecí admirando su inimitable manera de actuar, su irresistible carisma y su inmensa fuerza en la pantalla. Tras décadas regalándonos momentos inolvidables solo decirte que, por si no te vuelvo a ver, gracias por tanto…

Sobre el autor

Andrés Martín

- Empresario y crítico cinematográfico de Onda Cero Cádiz durante casi dos décadas. Además ha colaborado en tareas cinematográficas en medios como Guiadecadiz.com, Radio La Isla y Onda Litoral Cádiz.

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