La conquista del colectivo LGTBI: El derecho a la indiferencia

Sin saber exactamente el por qué, en las últimas semanas, y especialmente en los últimos días, venimos observando manifestaciones y expresiones homofóbicas de diversa índole: agresiones físicas y verbales, intelectuales, sentimentales, doctrinales… A lo que también podríamos añadirle, a modo de persuadir al lector a la reflexión, las preocupantes cifras de mujeres asesinadas en los escasos dos meses y medio que llevamos de año, y es que la homofobia y el machismo están íntimamente relacionados: ¿o puede creer en la libertad sexual quien asesina a su mujer por el sólo hecho de no claudicar satisfactoriamente?

Entre lo absurdo y lo divino se nos representa nuestro día a día. Desde un autobús de una organización ultracatólica que propugna mensajes en contra de la transexualidad, hasta agresiones a miembros de un coro de carnaval por representar al mundo del transformismo y, al fin y al cabo, la libertad individual de cada persona a ser quién quiere ser, algo a simple vista muy sencillo y, a su vez, difícil de alcanzar.

Si alguna conclusión comienzo a extraer de esta proliferación de la homofobia es que debemos destruir en un atisbo de humanización el equívoco concepto de la “tolerancia”. La tolerancia para el homófobo es como el vino para el alcohólico: su única salida ante su propia desgracia. La RAE define la misma como la “actitud de la persona que respeta las opiniones, ideas o actitudes de las demás personas, aunque no coincidan con las propias”. De su propia conceptuación observamos que la tolerancia es etimológica y esencialmente contraria a la homogeneización social. Querer generar una conciencia basada en la tolerancia a los demás es adoptar implícitamente la tesis de la convivencia pacífica y no igualitaria. Quizás la tolerancia sea un paso por el que debamos transitar para llegar a la situación de normalización, pero mientras debamos resignarnos a alcanzar la sola tolerancia de los demás, significará que no habremos conseguido avanzar como sociedad. Eso sí, habríamos alcanzado unos límites de hipocresía insospechados.

No debemos querer hacer tolerantes a los disléxicos sociales. El comportamiento sociológico del homófobo no se alterará más allá de la plausible aceptación de la realidad para contrarrestar el creciente rechazo social que experimentará. Sólo la pedagogía naturalista transmisible de unos a otros, de generación en generación, transformará esa construcción social del humano perteneciente a esta estirpe, probablemente víctimas de una mediatización moralista, idealista o religiosa. Incomprensible especialmente en el ámbito religioso después de ver la positiva evolución del máximo líder de la Iglesia Católica en su apertura a la aceptación de la diversidad sexual y a la criminalización de los actos homofóbicos, aunque carentes y alejados aún de la situación de normalización a la que nos venimos refiriendo. En esta misma línea, y cuando lo que intentamos es llegar a la génesis del conflicto, tampoco resultará efectiva, desde el punto de vista del proceso de normalización, la legítima denuncia y posterior condena por un posible delito de odio, salvo en lo referido a la prevención general y especial del mismo.

Los gays, las lesbianas, los transexuales, los bisexuales, y toda la diversidad posible habida en un mundo que tiene más de 7.400 millones de personas, no quieren que les toleres, como si de una opción democráticamente elegida se tratasen. No quieren tu respeto. Tampoco tu compasión, ni tu compresión. Tan sólo quieren algo esencial: tu indiferencia. Y es que sólo el día en que no crucemos una mirada, no tengamos la necesidad de manifestar nuestro apoyo o reivindicar su integración, será el día en que seamos un mundo en que ni la raza, ni la religión, ni la orientación sexual marquen la diferencia. Pero mientras no llega ese día en que reine el status de la indiferencia: unámonos contra la homofobia y la incomprensión.

Sobre el autor

Sergio de la Herrán Ruiz-Mateos

- El peso de la razón, del argumento frente al dogma, que, por otro lado, constituye la esencia de una sociedad democrática.

Mostrando 1 comentario
  1. Paco dice:

    Bonito artículo de alguien que suele soltar frases machistas y muestra así su intolerancia y su misoginia

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