Publicado el: Vie, 3 Mar, 2017
Opinión

El Carnaval y la Cuaresma

El Carnaval.

Términos evidentemente antagónicos, uno, representa la diversión, las licencias y cierto desorden que durante pocos días  -los de carnaval-  las gentes en general y según su condición se permiten hacer, lo que en  tiempo normal y ordinario no se les ocurren.

Y el otro, todo lo contario, tiempo de recogimiento, de reconversión, de sacrificio, de penitencia, de las buenas obras, de la oración y sobre todo de la reconciliación con nuestros semejantes.

Dicho de otro modo y visto desde la antigüedad, uno representa el mundo, la carne, el demonio y el pecado y el otro los signos de la austeridad, el silencio, la abstención, el ayuno, la vigilia y la confesión, pero uno y otro -coexisten perfectamente- y así viene sucediendo a través de los siglos como costumbre y tradición.

No obstante tanto el carnaval como la cuaresma en la actualidad, nada tienen que ver con los  vividos en  épocas pasadas. Basta observar de manera objetiva, si lo visionamos hoy fuera de sus contextos, hacia donde han derivado sus contenidos, especialmente los del carnaval.

Y sus celebraciones son contempladas como paganas unas y religiosas las otras, las cuales, se reparten y se repiten prácticamente en el mundo entero, aunque existen bastantes más evidencias de los carnavales, que de la cuaresma.

Mientras los carnavales emplean un tiempo relativamente corto en sus recreaciones. El de la cuaresma ocupa 40 días, que son los comprendidos desde el Miércoles de Ceniza hasta el domingo de Ramos, comienzo de la Semana Santa con la salvedad actual de que -el carnaval ahora- se prolonga en algunos lugares hasta después de dicho miércoles, como ocurre en nuestro caso.

El miércoles de ceniza.

Entre los más famosos carnavales del mundo cabe destacar los que se desarrollan en Brasil y en Venecia, éste último se remonta al siglo XI, es decir hace mil años, y cada uno de ellos difiere en sus estilos marcadamente diferenciados en sus formas, maneras y procedimientos.

No sucede lo mismo con la Semana Santa que en cualquier lugar que se celebre, siempre mantiene las mismas escenificaciones: la pasión de Cristo que no admite cambio. Y si la fama del carnaval la posee el país y las ciudades citadas anteriormente entre otras, sería obvio no citar que la fama de la Semana Santa, la ostenta España por sus connotaciones católicas, religiosas y tradicionales.

Y dentro de España creo que se distingue la Semana Santa de Sevilla sin omitir Málaga, Murcia o Zamora y a otras tantas entre las múltiples y variadas de ellas que existen por toda nuestra geografía y no sólo en capitales, sino también en otros pueblos y ciudades -como la nuestra- o Jerez, Cartagena u Orihuela.

El Gran Poder.

Curiosamente y como anécdota, se puede constatar que la figura del Gran Poder y de la Macarena de Sevilla, tienen réplicas y reproducciones fuera de España, especialmente en la América Latina en donde sus procesiones aunque tengan matices distintos en cuanto a exorno y  vestuarios, sí mantienen las mismas esencias de espiritualidad, quizás con mayor devoción que las nuestras.

Y no deja de ser otra curiosidad, que la cuna del catolicismo, la Ciudad Eterna -Roma- no tenga una representación como la nuestra de la Semana Santa propiamente dicha, aunque si tenga la mayor procesión que compendia a todas las demás: el doloroso Vía Crucis que se celebra el Viernes Santo en el Coliseo Romano presidido por el Santo Padre, lugar tan significativo para los cristianos que forman el Pueblo de Dios.

Y como otra anécdota final hablando de carnaval y salvando las distancias, hay que citar -como no- el Carnaval de Cádiz qué, aparte de su ingenio y el gracejo particular que tiene, es un fiel ejemplo de -la coexistencia- a la que se hace referencia, porque -en él- podemos observar cómo con la misma devoción, un chirigotero actuando en el carnaval, después lo vemos de pertiguero o cargando un Paso en la Semana Santa gaditana. ¡Cosas de Cádiz! ¡Ojo, que también suceden en la Isla!

Sobre el autor

José María Vieytes Beira

- Profesor, articulista y cofrade.

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