Publicado el: dom, 14 Ago, 2016
Opinión

PokemonGo

El Castillo de San Fernando. PokemonGoHace algunos días estaba perdiendo el tiempo mientras navegaba por Facebook cuando leí una entrada que me llamó bastante la atención. Era una especie de reclamo publicitario de un centro comercial de Jerez (ya podrán imaginarse de cual se trata) que se promocionaba de la siguiente manera: “¡Estamos plagados de Pokémons! Unas compras y, ya de paso… Pokesur” o “¡Ven a cazar Pokémons! En nuestro centro comercial tenemos dos pokeparadas y un pokegym”.

Hasta entonces solo conocía el juego por las noticias de dudosa procedencia de gente que se ha caído por un barranco por capturar a un Pokémon o de puñaladas a chiquillos que se cuelan en barrios “chungos” en busca de estos bichejos.

Sin embargo, después de leer esta entrada en las redes sociales, me dio que pensar y me dispuse a buscar información sobre el juego. Y es que, al parecer, el fenómeno no solo a absorbido las mentes de toda una generación (más de cincuenta millones de descargas en menos de un mes), sino que se ha convertido en una estrategia de marketing que tiene a las grandes multinacionales dispuestas a pagar grandes sumas de dinero a cambio de Pokeparadas en sus instalaciones para conseguir clientes potenciales.

Y es que las Pokeparadas son un negocio. El director ejecutivo de Niantic, John Hanke, reconocía hace unas semanas al Financial Times que “junto a los pagos en la aplicación, hay un segundo componente de nuestro modelo de negocio que es este concepto de sitios patrocinados que nos pagan para ser lugares dentro del tablero de juego virtual”. Un pizzero de Nueva York confesó que, desde que su pizzería estaba considerada como Pokeparada, había aumentado sus ingresos en un 75%. Y McDonald’s ya está negociando con Nintendo en Japón para convertirse en la primera marca que incluye sus cerca de 2.900 restaurantes en el juego.

Ni los mismos creadores se esperaban una aceptación tan grande en la sociedad. Actualmente, el juego se encuentra en una Beta (una versión de prueba llena de fallos  a la espera de que se solucionen), sin embargo la aplicación se ha convertido en un fenómeno mundial.

Siempre os he dicho que ante todo soy un profesional. Antes de escribir estos articulillos suelo hacer un estudio de investigación y me he visto en la obligación de descargar el juego (siempre en pos de del buen hacer y la profesionalidad, por supuesto), para responder una serie de preguntas.

El Castillo de San Fernando. pokemon-go-logoEs cierto que PokémonGo ha revolucionado la industria del videojuego con su “realidad aumentada” en la que podemos ver a un Pikachu en el sofá de nuestro salón, como si tal cosa. Y por si fuese poco, innova con un concepto pionero de juego: hay que salir a la calle para jugar.

Viendo la botella medio llena, podríamos decir que obliga a salir a aquella generación que se ha criado encerrada en casa con las consolas y dispositivos electrónicos. Ahora uno ve a las pandillas de niños y niñas paseando por la calle en busca del Pokémon que le falta (también es cierto que no despegan la cara de la pantalla del móvil, pero esto casi que ya ocurría antes con Wassap, Facebook o twitter).

En todo caso, he de decir, que desde el minuto uno no he tratado a la aplicación como un simple juego. No lo es. Detrás de PokemonGo se mueven muchos intereses económicos, turísticos y publicitarios. Y creo necesario que esto es una información que se debe conocer. Puede ser que, con el tiempo, nuestros hijos (o los jugadores en general) vayan deambulando a donde las grandes empresas quieren que se dirijan, guiados como las ratas con el flautista de Hamelín (momento conspiranoico, pero no creo que desencaminado del todo).

Sin embargo, y para ir cerrando el artículo, veo en la aplicación una divertida experiencia de juego que no merece ser criticada sin probarla previamente.

Como todo en la vida, esto funciona como una balanza. No olviden que hay una realidad que vale mucho más la pena vivir que la llamada “aumentada” que nos ofrece el juego. No pasa nada por tomarse unas cervezas de vez en cuando, pero háganlo con moderación. No pasa nada por ver un partido de fútbol, el problema es no tener otro tema de conversación ni otro aliciente en la vida que ese. No pasa nada por seguir “Sálvame” o “Gran Hermano” a diario… bueno, tampoco vayamos a pasarnos.

En fin, disfruten jugando o criticando al que lo hace, cada uno elige como malgasta su tiempo libre.

Sobre el autor

Daniel Fopiani

- Cádiz, 1990. Escritor, Sargento de Infantería de Marina. Columnista y director de la revista literaria RSC. Premio Valencia Nova de Narrativa 2017. www.danielfopiani.com

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